"SE NOS OCURRE QUE LA POSIBILIDAD DE LEER UN TEXTO ES INVENTAR ALGO EN ESE VACIO. INVENTAR, ES DECIR, SUPLEMENTAR. EL TRABAJO DE LECTURA, CUALQUIERA SEA EL DE UN POEMA, EL DE UN TRATADO, SOLO EMPIEZA AHÌ DONDE SE PRODUCE ESE VACIO QUE DESCUBRE UN SUPLEMENTO. LO OTRO ES REITERACIÒN DE HÀBITOS FAMILIARES DE RECONOCIMIENTO" Adriana Paloma

martes, 11 de agosto de 2009

APERTURA DEL CAMPO DE LA SUBJETIVIDAD

Adriana Paloma

Nuestra pretensión será operar una reflexión sobre la Modernidad. Ante ello surge en forma inevitable una cuestión: ¿Cómo evitar caer en reduccionismos, separaciones drásticas y compartimentadas de “períodos históricos”, cortes y cierres que no dejen resto? Nos identificamos inmediatamente con la pregunta de Foucault en “Las palabras y las cosas”: “¿Se tiene acaso el derecho de establecer entre dos puntos del tiempo rupturas simétricas a fin de hacer aparecer entre ellas un sistema continuo y unitario?”. Tal vez esta pregunta no deja de constituir un obstáculo insalvable, ya que el solo hecho de hablar de “períodos históricos”, implica una reducción, un determinado a-priori que permitirá llevar a cabo un análisis. Tratando en lo posible de lograr escapar a este obstáculo, comenzaremos por no hablar de “períodos históricos” y haremos una nueva pregunta: ¿Cuál es la interpretación de lo existente y la concepción de la verdad que constituye la esencia de la Modernidad? ¿Qué diferencia puede establecerse respecto de la Antigüedad y la Edad Media?

En la antigüedad griega, lo existente es lo que nace y se manifiesta. El ser como presencia permanente. Lo existente no llega a ser por el hecho de que el hombre lo contemple, sino que el hombre es contemplado por lo existente, incorporado y mantenido en su abierto. El hombre griego es al “percibir lo existente”. El sentido de pertenencia del Sujeto al Mundo es determinante.

En la Edad Media, lo existente es el “ens creatun”, lo creado por el Dios creador como causa suprema. Ser existente significa pertenecer a una fase del orden de lo creado, corresponder como “causado a la causa de la creación” (analogía entis). La correspondencia es concebida como rasgo fundamental del ser de lo existente.

En ambas cosmovisiones hablar de “Subjetivismo” resulta imposible. El concepto de “SUJETO” es netamente moderno, ya que implica una transformación radical de la esencia del hombre, y esto es posible porque se transforma la concepción de lo existente en conjunto. Sujeto es aquel en el cual se funda todo lo existente a la manera de su ser y de su verdad. El hombre pasa a ser el medio de referencia de lo existente como tal. Para ello es necesario que el Mundo devenga Imagen. Lo existente en su conjunto se coloca como aquello en que se instala el hombre, lo que quiere colocar ante sí.

En el “percibir griego” todo subjetivismo es imposible porque el ser se concibe como presencia y la verdad como desnudez.

Que el mundo devenga IMAGEN en la Modernidad, trae aparejada la idea de REPRESENTACIÓN. Representar implica llevar ante sí lo existente como un opuesto, referirlo, haciéndolo entrar en relación consigo como dominio decisivo. El hombre pasa a ser el representante de lo existente. Lo existente se detiene como objeto.

Pero, ¿cuál es el trasfondo de este proceso? Podríamos hablar de una nueva cosmovisión. Se trata como dijimos, de una interpretación de lo existente y de una nueva concepción de la verdad, determinadas en gran parte por un afán de poder y dominio sobre la naturaleza, producto del capitalismo incipiente que empleará a la ciencia como instrumento necesario para la ejecución de su pretensión. Esto trae aparejado la disolución del Cosmos Antiguo y Medieval, entendido como mundo finito, jerárquicamente ordenado, cualitativamente diferenciado desde el punto de vista ontológico, donde todo se encuentra rigurosamente en el lugar que le corresponde.

Cada cosa tiene su “lugar natural”, un puesto determinado en el universo. Es solo en “su” lugar donde el ser alcanza su realización y llega a su verdad. El concepto de “lugar natural” es una exigencia teórica de la física aristotélica y se funda en una concepción puramente estática del orden y una armonía preestablecida, imposible de ser violentada sin llegar a un desorden cósmico.

La escolástica, producto de esta cosmovisión fundada en un primado de lo aceptado, va a determinar un criterio de verdad erigido en forma indiscutible y sustentado en los siguientes postulados:

* Principio de autoridad: lo dicho por ciertas autoridades (la Biblia, la Iglesia, Aristóteles) es verdadero por el solo hecho de que tales autoridades lo afirmen, eximiendo de cualquier explicación o crítica ulterior.

* Verbalismo: se enredaba en meras cuestiones de palabras, pretendiendo resolver con simples vocablos, problemas carentes de importancia o que solo podían resolverse mediante la observación o cualquier otro procedimiento objetivo. Solo introducía nuevas palabras de idéntico significado pero el conocimiento no avanzaba ni aumentaba.

* Silogística: la ciencia y filosofía escolástica se valieron del silogismo, razonamiento deductivo constituido por tres proposiciones o juicios tales que dados los dos primeros (premisas), el tercero (conclusión) resulta necesariamente de aquellos dos. El silogismo, tautológico por naturaleza, no amplía el saber dado que lo que afirma la conclusión ya está dicho implícitamente en las premisas.

La Escolástica se presenta como guardián de un orden férreo, cerrado, pletórico, incuestionable, donde la verdad ha sido ya depositada sobre las cosas. Dios, a fin de ejercer nuestra sabiduría, ha sembrado la naturaleza de figuras, signos que hay que descifrar. El conocimiento será Divinatio, en tanto que los antiguos dieron ya interpretaciones que hay que recoger. La herencia de la Antigüedad, al igual que la naturaleza, constituyen un amplio espacio que hay que interpretar. Divinatio y Eruditio son una misma hermenéutica que se dan en dos niveles distintos: una va de la marca muda a la cosa misma (hace hablar a la naturaleza); la otra del grafismo inmóvil a la palabra clara (descubre la vida de los lenguajes dormidos). Naturaleza y Verbo pueden entrecruzarse infinitamente, formando para quien “sabe leer” un gran libro único.

El sentido de íntima pertenencia del hombre al mundo, la obligatoriedad de la verdad revelada, hacen que el cuestionamiento solo revista el carácter de transgresión. El despojo de este lastre, no implicará solo una crítica de ciertas teorías erróneas para corregirlas y sustituirlas por otras, sino una revolución radical que destruya un Mundo y lo sustituya por otro. Lo primero que deberá efectuarse será la destrucción de la Síntesis Jerárquica Aristotélica. Para la física y cosmología aristotélicas, la estructura del espacio determina el lugar de los objetos que allí se encuentran. La Tierra está en el centro del Mundo porque por su naturaleza (porque es pesada) debe encontrarse en el centro. Los cuerpos pesados van hacia el centro, no porque alguna fuerza física los atraiga sino porque los empuja allí su naturaleza. Es tanto la estructura del espacio físico como su naturaleza propia lo que determina el lugar y el movimiento de los astros. Esta realidad y lazo metafísico serán paulatinamente sustituidos por una realidad y un lazo físicos.

Nicolás de Cusa inaugura el trabajo destructivo, poniendo en el mismo plano ontológico la realidad del cielo y de la Tierra y afirmando la indeterminación del Universo. Con ello pone en funcionamiento un proceso de pensamiento que desembocará en una nueva ontología.

Kepler hablará de un Universo regido en todas partes por las mismas leyes, leyes de naturaleza estrictamente matemática. Habrá una regularidad y armonía en el mundo, pero será estrictamente geométrica.

La mutación radical es llevada a cabo por Galileo, ligado indisolublemente a la Revolución Científica del siglo XVII. Es cierto que la observación y la experimentación constituyen uno de los rasgos característicos de la Ciencia Moderna. Pero lo fundamental es remarcar que no se trata de la experiencia espontánea del “sentido común”. No es la experiencia sino la experimentación lo que desempeñará un papel positivo en la fundación de la ciencia moderna. La experimentación construye un nuevo lenguaje (lenguaje geométrico) para hablar a la Naturaleza y recibir sus respuestas, que determinará la ruptura entre el mundo que se ofrece a los sentidos y el Mundo Real, el de la Ciencia. Este mundo real es el de la geometría hecha cuerpo. Galileo retoma la idea arquimediana de la física matemática: reducción de lo real a lo geométrico. Todo lo que está en el mundo está sometido a la forma geométrica, todos los movimientos a leyes matemáticas. Será el primero en comprender el papel de la experiencia en las ciencias. Como ya dijimos, el experimento no guarda ninguna analogía con la experiencia común (mera observación). El experimento se prepara, es una pregunta hecha a la Naturaleza en un lenguaje geométrico y matemático. No basta observar lo que existe, hay que saber formular la pregunta y descifrar y comprender la respuesta, para lo cual deben aplicarse las leyes estrictas de la Medida y la interpretación matemática. Los instrumentos científicos no serán ya meros instrumentos de observación, herramientas, sino encarnaciones de la teoría, que nos permitan franquear los límites de lo observable (lo que se ofrece a los sentidos, fundamento experimental de la ciencia pre-galileleana). Por ejemplo, el telescopio está construído con cierta finalidad científica: revelar a nuestros ojos las cosas invisibles a simple vista. Al mismo tiempo, no se puede hablar de cuerpos reales que se desplazan en un espacio real sino de cuerpos matemáticos que se desplazan en un espacio matemático. Por ej., en la célebre primera Ley del Movimiento: Ley de Inercia (un cuerpo abandonado a sí mismo persiste eternamente en su estado de movimiento o reposo y debemos aplicar una fuerza para transformar un estado de movimiento en reposo y viceversa), la eternidad pertenece solo al movimiento uniforme en línea recta, que es imposible y no puede producirse mas que en el vacío. Por lo tanto, la noción de cualidad es expulsada del ámbito de la Naturaleza por ser vaga y no conformar con la rigidez de los conceptos matemáticos. Ello acentúa la supresión de la percepción por medio de los sentidos y declara al conocimiento intelectual, incluso a-priori, como único medio de aprehender la esencia de lo real.

La primacía del hombre como SUB-JECTUM (fundamento de lo que hay en el fondo) se establece definitivamente como punto de no retorno. La Verdad descansará exclusivamente en la RAZÓN HUMANA. El hombre liberado de la obligatoriedad de la Verdad de la Revelación, se libera en la legislación que él mismo ha dado:

* RAZÓN COMO LEY.

* SER ORDENADO OBJECTICAMENTE E INSTITUIDO A BASE DE LA RAZÓN (que ordena y domina el caos).

El problema fundamental de Descartes será proporcionar el fundamento metafísico a la liberación del hombre. Su filosofía será elaborada en el espacio abierto por la Revolución Galileana y su triple ruptura:

* REVOLUCIÓN COSMOLÓGICA: destrucción de la idea de Cosmos jerárquicamente ordenado por la idea euclidiana de “espacio homogéneo”, finito, sin diferencias cualitativas ni jerárquicas.

* RUPTURA LÓGICA: la lógica deductiva reemplaza a la inductiva. El razonamiento científico será un proceso rigurosamente deductivo a partir de premisas (modelo matemático).

* REVOLUCIÓN METODOLÓGICA: quedan sentados dos principios metodológicos fundamentales:

a) Principio de orden: proceder de lo simple a lo complejo.

b) Principio de economía: la Naturaleza procede por las vías más simples, a diferencia de Aristóteles cuyo sistema era muy complejo y oscurecía la explicación científica.

Esta búsqueda de un fundamento hará de la filosofía cartesiana un pensamiento caracterizado por un profundo RADICALISMO. El saber deberá fundarse sobre bases cuya firmeza esté más allá de toda sospecha. El constante fracaso de los diversos sistemas filosóficos en la resolución de los problemas planteados, lo lleva a operar una destrucción sistemática de los conocimientos adquiridos para comenzar nuevamente desde los cimientos y establecer un sistema firme y permanente.

La preocupación por “evitar el error” determinará su Método, caracterizado por la duda como maquinaria destructiva (duda metódica). Emplear la duda para ver si hay algo capaz de resistirla y que en consecuencia sea absolutamente cierto: aquello que engendre la “menor duda” será desechado como falso. Pero, como Descartes lo revela en las Meditaciones Metafísicas, la destrucción sistemática de las opiniones no podrá lograrse probando la falsedad de cada una de ellas sino atacando los Principios en los que se apoyan. La duda debe introducirse en los principios o fundamentos sustentadores del Saber: los sentidos y la razón.

En consecuencia, comenzará haciendo una crítica del saber sensible, remarcando su carácter ilusorio y engañoso “los sentidos a veces yerran y es prudente no confiar demasiado en aquellos que nos engañaron alguna vez”. Inmediatamente plantea la imposibilidad de distinguir entre vigilia y sueño, salud y locura, lo cual hace más evidente la necesidad de desechar el saber proporcionado por los sentidos: “sucede que alguna vez en sueños me he imaginado estar como ahora despierto y escribiendo, cuando en realidad estaba dormido y acostado”. El testimonio de los sentidos habrá de ser considerado engañoso y con él, por lo menos inicialmente toda la ciencia experimental derivada del empleo de aquellos: “La física, la astronomía, la medicina, y todas las demás disciplinas que dependen de la consideración de las cosas compuestas -afirma en la Primera Meditación- son ciertamente dudosas, mientras que la aritmética, la geometría y otras de este tipo, que tratan sobre las cosas más simples y absolutamente generales, sin preocuparse de si existen en realidad en la naturaleza o no, poseen algo cierto e indudable, puesto que, ya esté dormido, ya esté despierto, 2 y 3 serán siempre 5 y el cuadrado no tendrá más que cuatro lados; y no parece ser posible que unas verdades tan obvias incurran en sospecha de falsedad”. El mundo inteligible subsiste, después de asistir al derrumbe del concepto de “Naturaleza”, “Mundo” y “Hombre”.

En este instante Descartes decide llevar la duda a su punto extremo (hiperbolismo) y enuncia la hipótesis del “Genio Maligno”, llevando la omnipotencia de Dios hasta el extremo de suponer que nos haya hecho de tal manera que siempre nos equivoquemos, estando detrás de nuestros actos o pensamientos para torcerlos deliberadamente y sumirlos en el error. Llegando a este punto, la duda es llevada también al Saber Racional. La razón misma se hace problema y una de sus tareas será fundamentar el Saber Racional.

¿Qué encuentra Descartes ante el desvanecimiento del Mundo de los Sentidos y del Entendimiento? Lo único capaz de resistir la duda paroxística será el acto de pensamiento en su desnudez, un pensamiento sin objeto, un cogito sin intencionalidad que acto seguido rehabilitará al Ego. El pensamiento que había quedado en presencia de sí mismo como acto puro se recobra a través de una existencia que lo hacer posible: “el Yo”. “Aunque suponga que el genio maligno existe y ejerce su maléfico poder sobre mí, yo mismo tengo que existir o ser porque de otro modo no podría siquiera ser engañado. Por más que me engañe nunca conseguirá que yo no sea nada mientras yo esté pensando que soy algo”. Así, se hace presente en forma inminente el fundamento que estaba buscando, PRIMER PRINCIPIO de la filosofía: ”PIENSO LUEGO EXISTO”.

El COGITO se erige como primer principio desde el punto de vista gnoseológico-metodológico, porque constituye el primer conocimiento seguro, fundamento de cualquier otra verdad y punto de partida para construir todo el edificio de la filosofía y del Saber en general: también es primero desde el punto de vista Ontológico, ya que me pone en presencia del primer ente indubitablemente existente que soy yo mismo en tanto pienso. De esta forma Descartes lleva a cabo el acto inaugural de la Modernidad: la primacía del SUBJECTUM como certidumbre fundamental, como “representador” de todo lo representado.

Pasa luego el examen de lo que es ese “YO SOY”, concluyendo que el pensamiento es su único sustento, ya que tras haber sido negado el testimonio de los sentidos, el cuerpo se ha desvanecido. “... el pensamiento existe y no puede serme arrebatado: yo soy, yo existo es manifiesto. Pero ¿por cuánto tiempo? Sin duda en tanto que pienso, puesto que aún podría suceder, si dejase de pensar, que dejase yo de existir en absoluto”. El sujeto que se revelaba como objeto para sí mismo, pasa de la afirmación de existencia ligada al acto de pensamiento, a la identificación de la ESENCIA que hace posible el pensamiento en su naturaleza: YO SOY COMO COGITATIO, como RES COGITANS, el Yo Pienso es una COSA QUE PIENSA.

La certeza del poder del intelecto en cuanto al conocimiento lo conduce a afirmar al término de la Segunda Meditación la soberanía de su mente como aquello que ofrece la menor dificultad para ser conocido: “... conociendo que los mismos cuerpos no son percibidos en propiedad por los sentidos o por la facultad de imaginar, sino tan solo por el intelecto, y que no son percibidos por el hecho de ser tocados o vistos sino tan solo porque los concebimos, me doy clara cuenta de que nada puede ser conocido con mayor facilidad y evidencia que mi mente”.

Pero, ¿qué es lo que asegura la verdad al enunciar “pienso luego existo”? De eta respuesta dependerá el CRITERIO DE VERDAD que ha de establecerse posteriormente.

Ante esta cuestión, Descartes responderá: “Estoy seguro de ser una cosa que piensa: ¿no se también por ende, que se necesita para estar seguro de algo? En este primer conocimiento no existe nada más que una percepción clara y determinada de lo que afirmo...”. “Por lo tanto paréceme poder establecer como una regla general que todo lo que percibo muy clara y distintamente es verdadero”.

En el Discurso del Método remarca el carácter de “VISIÓN” del criterio de verdad: “Lo que me asegura que digo la verdad cuando enuncio ‘pienso luego existo’ es que veo claramente que para pensar hay que ser”. Este principio fundamental de ningún modo se obtuvo por un procedimiento deductivo que implicaría la existencia de una premisa mayor: “todo lo que piensa es o existe”, a partir de la cual pudiera llevarse a cabo una especie de movimiento o sucesión que permitiría arribar a la conclusión: “pienso luego existo”.

Concluye su existencia de su pensamiento como algo conocido de por sí, evidente, la VE mediante una simple inspección del espíritu. Dicha inspección fundada en la INTUICIÓN -”concepción indubitable de nuestra mente pura y atenta que se origina por la sola LUZ DE LA RAZÓN, siendo más simple que la misma deducción es más segura” (Regla III)- implica una CLARA VISIÓN que se erigirá como fundamento de la lógica de lo claro y distinto, determinando la necesidad de que toda verdad posea los caracteres del Modelo Inteligible: el CRITERIO DE VERDAD será la EVIDENCIA, cuyos rasgos son la claridad y la distinción. Un conocimiento es claro cuando la idea a que me refiero se manifiesta directamente ante el espíritu y si además en ese conocimiento de algo no hay nada que no le pertenezca a ese algo será un conocimiento distinto, como por ejemplo: un triángulo es una figura de tres lados. En cambio, si digo “el triángulo es una figura” será un conocimiento confuso porque lo confundiría con las demás figuras que no son triángulos.

La certeza de la intuición estará fundada en una especie de conocimiento interior innato, “armadura lógica latente”, constituida por nociones muy simples. Este conocimiento innato está presente en todos los hombres, precede al adquirido y se constituye por IDEAS que el alma trae consigo como constituyendo un patrimonio original, totalmente independiente de la experiencia. Entre ellas, unas representan cosas o propiedades de las cosas (por ejemplo: las ideas de Dios, alma, círculo, mayor, etc.); otras son axiomas o verdades eternas y son proposiciones como “el todo es mayor que la parte”, “nada puede ser y no ser al mismo tiempo” (Principio de Contradicción), “de la nada no resulta nada” (Principio de Causalidad), etc. Con las ideas innatas trabaja la razón como ocurre principalmente en el conocimiento matemático. Las Matemáticas son presentadas por Descartes como fruto espontáneo de estas ideas, tal como lo afirma en las Reglas para la Dirección del Espíritu “... la inteligencia humana tiene un no se qué divino donde han sido depositadas las primeras semillas de los pensamientos útiles, de tal modo que muchas veces, por desdeñadas y ahogadas que se hallen por estudios torcidos, producen sin embargo un fruto espontáneo. Lo cual se comprueba en ciencias tan elementales como son la Aritmética y la Geometría...” (Regla IV).

En todo el pensamiento cartesiano, las Matemáticas revisten una importancia fundamental, por lo cual, esta cuestión será retomada más adelante cuando llevemos a cabo una consideración metodológica.

La certeza del Cogito y de su patrimonio de ideas es incuestionable. Pero con respecto al conocimiento proveniente de los sentidos, tras haber sido puesto en cuestión, no existe ninguna certeza. Dicho conocimiento correspondería a lo que Descartes llama Ideas Adventicias, que parecen venirnos del exterior mediante los sentidos, por ejemplo: “oír un estrépito, ver el sol, sentir el fuego”. El último tipo de ideas que Descartes enumera son las Facticias, aquellas que fabricamos mediante la imaginación, por ej. “sirenas, hipogrifos”, que al ser un simple producto de nuestra creación, no existe el problema de determinar la veracidad de su correlato.

Hasta esta punto, no podemos llevas nuestro conocimiento más allá de la afirmación del Cogito, es decir, caímos en el solipsismo, tras la hipótesis del genio maligno. En consecuencia, se presenta la necesidad de eliminar por completo dicha hipótesis. Después de haber examinado las diversas clases de ideas, solo queda por examinar la idea de Dios. Descartes se pregunta si esta idea puede proceder de sí mismo al igual que las ideas que supuestamente corresponden a cosas exteriores.

El primer argumento, está fundado en una rigurosa causalidad “... debe de haber al menos igual realidad en la causa total y eficiente que en el efecto de dicha causa. Porque ¿de dónde podría tomar su realidad el efecto a no ser de la causa? ¿y de qué modo la causa puede otorgarla al efecto, a no ser que la posea? De lo que se deduce que la nada no puede crear algo, ni lo que es menos perfecto a lo que es más perfecto, es decir, lo que contiene en sí más realidad. Todo lo cual no solo se aplica a los efectos, cuya realidad es actual o formal, sino también a las ideas...” (Meditaciones metafísicas, pág.73). En consecuencia, la Idea de Dios que tengo necesita una causa, porque de la nada, nada sale. Esa causa no puedo serla yo, porque soy imperfecto (lo cual se demuestra en que dudo), y lo imperfecto no puede ser causa de lo perfecto, ya que en tal caso habría una falta de proporción entre la causa y el efecto, y el efecto no puede ser nunca mayor que la causa. Por lo tanto, es preciso que esa idea me la haya puesto alguien más perfecto que yo: DIOS.

El segundo argumento es el ontológico: tengo la idea de un ente perfecto. Esto implica que no puede faltarle nada, porque de lo contrario no sería perfecto. En consecuencia, tiene que existir, porque si no existiese, le faltaría la existencia, lo cual sería una imperfección. De ambos argumentos, según Descartes, se deduce de manera irrefutable que Dios existe. A pesar de ello, es inevitable la impresión de que este Dios es solo un DEUS EX MACHINA, que surge en el momento propicio, cuando todo está en ruinas, como única garantía que permite salvar el Sistema. Dios es la única garantía de la existencia del Mundo, ya que siendo perfección y veracidad máxima, “en el cual se encuentran todos los tesoros de las ciencias y la sabiduría”, es imposible que me engañe, porque ello sería testimonio de imperfección, malicia o necedad. Dios no solo es la garantía de la existencia de este mundo, en forma irrefutable, sino también de la RAZÓN. Siendo una sustancia pensante infinita (a diferencia del hombre, que lo es finita), es perfecto y absolutamente veraz. Si nos ha hecho con nuestra Razón y las Ideas Innatas, ello implica que esta razón y estas ideas son instrumentos válidos para el conocimiento. Si nos equivocamos, ello no ocurre por culpa de Dios, que nos ha hecho tan perfectos cuanto puedan serlo antes finitos, sino por nuestra culpa, porque nos apresuramos a juzgar antes de haber llegado al conocimiento claro y distinto. Para evitar el error, mi voluntad no debe ir más allá de lo que el entendimiento concibe.

La veracidad de Dios es la garantía y fundamento de la verdad del conocimiento evidente, claro y distinto. De las ideas simples, que se imponían por su evidencia, ahora necesitan que Dios les confiera garantía. El Cogito, que era una idea clara y distinta, pasa a ser una réplica de Dios, una sustancia. El vigor revolucionario de ese Cogito se destruye. Dios pasa a ser el Modelo, la Res Cogitans, una copia de esa sustancia infinita, estableciéndose un lazo de semejanza que une al hombre con Dios: el Mundo pasa a ser un simulacro, un mundo mecánico, que no tiene ninguna relación con Dios. La garantía divina valida la existencia del simulacro, que es materia pura (Res Extensa), y de ningún modo necesita a Dios. Este Dios, que para nada es un Dios Salvador, puede ser considerado simplemente como un relato de legitimación.

En la Quinta Meditación, después de haber fundado la veracidad divina, todo lo concebido en forma clara y distinta, pertenecerá a la naturaleza de lo percibido: tal es el caso de los números y figuras, restituyendo la verdad de las ciencias que había puesto en duda.

Por último, en la Sexta Meditación, profundiza acerca del problema del mundo exterior, restableciendo definitivamente la existencia de las cosas materiales. Distingue luego la diferencia entre imaginación y pura intelección. La imaginación no es requerida para la esencia de sí mismo, depende de algo diferente de sí.

Al concebir, la mente se concentra en sí misma y considera alguna de las ideas que tiene; el imaginar, “se vuelve al cuerpo y ve en él algo conforme a la idea concebida por ella o recibida por los sentidos”. La imaginación solo puede producirse si existe el cuerpo.

Encuentro en mí la facultad de moverme en el espacio. La idea de espacio es totalmente diferente del pensamiento, “que no necesita para nada la espacialidad. Además, recibo impresiones sensoriales que deben tener una causa. Esa causa no puedo ser yo que soy puro pensar inespacial. Las impresiones sensibles se producen sin que intervenga para nada mi pensamiento, sino contra mi voluntad. En consecuencia, es necesario afirmar la existencia de cosas materiales, que las ideas de las cosas sensibles, procedan de una sustancia esencialmente diferente de la mía: los cuerpos, a los que llamará RES EXTENSA, porque la característica esencial de la materia es la extensión, el ocupar lugar. Para Descartes, materia y extensión coinciden, no hay espacio vacío.

Además, las cosas corpóreas no existen tal como las percibo por medio de los sentidos, cuya aprehensión es confusa y oscura, sino que existe en ellas lo que percibo clara y distintamente (“lo que está comprendido de modo general en el objeto de la Matemática”).

Como la Naturaleza me enseña que estoy unido estrechamente a mi cuerpo, no hay que asombrarse de que el conocimiento que viene por este medio sea algo confuso. “No obstante la inmensa bondad de Dios, la naturaleza del hombre compuesta de alma y cuerpo puede ser a veces engañosa”, a pesar de ello, la unión de ambos contribuye a “la conservación del cuerpo humano”. Mis sentidos controlados entre sí y corregibles por el entendimiento “me significan con mayor frecuencia lo verdadero que lo falso”. De esta forma todas las dudas pasadas son abandonadas.

Después de este breve recorrido en torno a las Meditaciones Metafísicas, rescataremos algo que nos parece esencial: la primacía del SUJETO y de la RAZÓN, que contiene las rocas primordiales sobre las cuales se fijará el conocimiento. El Sujeto es el depositario de las condiciones universales para el conocimiento, lo cual reviste importancia fundamental en cuanto posteriormente será retomado por Kant.

La realidad solo podrá ser conocida a través de la Razón, ello supone que la realidad tenga una estructura racional. Es decir, hay una relación de semejanza entre el conocimiento y las cosas a conocer. Más allá de las apariencias o fenómenos, la estructura de las cosas tiene un trasfondo inteligible, racional, que constituye su verdadero ser.

Llegar a la verdad implica seguir determinados pasos, un ORDEN que la razón debe seguir férreamente. La razón debe ser CONDUCIDA, y de ningún modo librada al azar, que no hará sino enturbiar su propia Luz.

Descartes en el Discurso del Método y específicamente en las Reglas para la Dirección del Espíritu, plantea estrictamente la necesidad de un Método RECTOR. La Regla I enuncia claramente este propósito: “Los estudios deben tener como fin dar a la mente una dirección que le permita hacer juicios sólidos y verdaderos de todo aquello que sea presentado”. El orden no es algo implícito a las cosas, sino que el pensamiento deberá instaurarlo, yendo de lo simple a lo complejo. Esta idea deriva de la pretensión del Saber Clásico de erigir una CIENCIA UNIVERSAL DEL ORDEN Y LA MEDIDA: LA MATHESIS. Las relaciones entre los seres se pensarán bajo la forma del ORDEN y la MEDIDA, dando la posibilidad de establecer entre las cosas una sucesión ordenada.

Las MATEMÁTICAS reunirán los caracteres de esta CIENCIA UNIVERSAL. Descartes enuncia en la Regla IV (pág.48): “... pertenece a las matemáticas todo aquello en que se examina el orden y la medida exclusivamente, prescindiendo del objeto en que dicha medida se vaya a buscar... De ahí que deba haber una ciencia general que explique todas las cuestiones posibles respecto del orden y la medida sin aplicarlas a una materia particular, ciencia que se llama no con nombre extranjero, sino con el nombre ya antiguo y aceptado por el uso de matemática universal, porque encierra todo lo que permite a las otras ciencias llamarse partes de la matemática.”. Esta ciencia aventaja a las demás en “utilidad y facilidad”, porque se extiende a los mismos objetos que aquellas pero las dificultades de las demás ciencias están agravadas por otras que provienen de sus objetos particulares, que aquella no tiene.

Ya habíamos señalado la importancia que revisten las matemáticas en Descartes ya que son consideradas frutos naturales de las ideas innatas. El Método Cartesiano, fundado esencialmente en las matemáticas, que son producto de nuestra razón, se presenta como algo natural.

La Regla II concluye: “... si buscamos el recto camino de la verdad no debemos ocuparnos de ningún objeto del que no podamos tener una certeza igual a las que tienen las demostraciones de la aritmética y de la geometría”.

La Regla III establece los dos únicos actos que permiten llegar a un conocimiento de las cosas sin temor a errar: la INTUICIÓN y la DEDUCCIÓN. Los primeros principios serán conocidos por intuición y las consecuencias lejanas por deducción.

La Regla IV remarca la absoluta necesidad del MÉTODO: “Para investigar la verdad de las cosas es necesario el método”. “Es mejor no pensar nunca en buscar la verdad de algo que buscarla sin método, pues indudablemente, esta clase de estudios sin orden y meditaciones, sin claridad, enturbian la luz natural y ciegan la mente...”, “... entiendo por método, unas reglas ciertas y fáciles que permitan al que las cumpla exactamente no tomar nunca lo falso por verdadero y sin hacer esfuerzos inútiles de inteligencia, sino más bien acrecentando gradualmente su ciencia, llegar al conocimiento de todas las cosas de que sea capaz”. En consecuencia, siguiendo estos pasos no habrá aparentemente nada que resulte incognoscible.

La Regla V es fundamental ya que allí es enunciado en rasgos generales el Método: “Todo método consiste en el orden y disposición de los objetos sobre los que debe recaer la mirada de la inteligencia para descubrir alguna verdad. Y será rigurosamente observado si reducidas gradualmente las proposiciones complicadas y oscuras a proposiciones más simples, y después, partiendo de la intuición de las más simples de todas, intentamos elevarnos por los mismos grados al conocimiento de todas las demás”.

1- Lo primero que debe tenerse en cuenta será admitir un conocimiento como verdadero solo en caso de que sea evidente (cuando no haya ninguna ocasión para dudar de él) , es decir, claro y distinto. Para ello debemos guardarnos de dos fuertes propensiones de nuestro espíritu: la precipitación (afirmar o negar algo antes de haber llegado a la evidencia) y la prevención (prejuicios y en general todos los conocimientos falsos o verdaderos que nos hayan llegado por tradición, educación, factores sociales y no por evidencia). Nada que no hayamos examinado con nuestra razón podrá considerarse válido.

2- Las dificultades a examinar deberán dividirse en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese para su mejor solución (Regla de Análisis).

Cuando nos ocupemos de cualquier problema o dificultad se lo debe dividir, analizar y seguir dividiendo, hasta el momento en que se llegue a algo evidente. La división es a su vez un procedimiento para alcanzar la evidencia. Si nos quedásemos aquí, en el puro momento analítico tendríamos una serie de miembros aislados, inconexos. Será necesario completar con un estudio de la relación recíproca de las distintas partes y con la visión de conjunto. Ello lo prescribe el siguiente paso:

3- Regla de Síntesis: “Conducir ordenadamente mis pensamientos empezando por los objetos más simples y fáciles de conocer para ir ascendiendo gradualmente hasta el conocimiento de los más compuestos e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente”.

4- Regla de Enumeración: “Hacer en todo unos recuentos tan integrales y revisiones tan generales que llegase a estar seguro de no omitir nada”. La cuestión estudiada deberá examinarse cuidadosamente para ver si no hay algún aspecto que se haya pasado por alto en el momento analítico o en el sintético, hasta llegar a la certeza de no haber omitido ningún miembro del razonamiento.

Este Método se presenta como un arma omnipotente en cuanto a la posibilidad de reducir y dominar la realidad. Nada prácticamente podrá ser incognoscible. Esta fantasía de la Modernidad está presente en palabras de Descartes en el Discurso de Método: “Siempre que no se reciba como verdadero ningún razonamiento que no lo sea y se conserve el orden necesario para deducir unos de otros no existirá nada inalcanzable ni tal oculto que no se descubra”.

Aunque en algún momento el tema de los límites del entendimiento está presente, no tienen demasiada trascendencia ante el indiscutido poder del MÉTODO: “... no se debe considerar como una empresa ardua y difícil el determinar los límites de esta mente que sentimos en nosotros...”. “No es tampoco un trabajo inmenso querer abarcar con el pensamiento todo lo que está contenido en el Universo, para conocer de qué manera cada cosa está sometida al examen de nuestra mente. No hay en efecto nada tan múltiple ni tan disperso que no pueda, por medio de la enumeración de que hemos hablado, ser encerrado en determinados límites y por tanto, reducido a ciertos puntos esenciales” (Regla VIII, pág.91).

Es decir, nuestro entendimiento es limitado pero tenemos la posibilidad de conocer esos límites, lo cual no oculta la tácita omnipotencia del sujeto. Kant retomará este tema y lo convertirá en punto esencial tras el cual girará toda la Crítica de la Razón Pura.

Hemos asistido, Descartes mediante, a la constitución del SUJETO de la Modernidad. Hablamos de “constitución” porque nos parece que este Sujeto no surge como producto sino como FUNDAMENTO, núcleo central de todo conocimiento, como aquello en que no solo se revela la libertad, sino que hace eclosión LA VERDAD. Es un Sujeto ya DADO en FORMA DEFINITIVA, a partir del cual todo tomará sentido y se ordenará.

¿Qué caracteres tendrá el SABER que este Sujeto instaura? Será un Saber caracterizado por el análisis como uno de sus rasgos esenciales, estableciendo las identidades y diferencias, la medida y el Orden, universalizando el acto de comparación que remita toda medida a una puesta en serie, que a partir de lo simple, haga aparecer las diferencias como grados de complejidad, estableciendo entre las cosas una sucesión ordenada, que muestre a la naturaleza desde sus elementos originarios hasta la simultaneidad de todas sus posibles combinaciones. Así, el análisis remitirá a una génesis que permita reconstruir el orden, tras la fabricación de una lengua (lengua de los cálculos).

La idea de un Sujeto depositario de estructuras y formas universales para el conocimiento, de un conocimiento inscrito en su naturaleza y de la incuestionable existencia de la Verdad, solo puede tambalear ante un enfoque como el nietzcheano, centrado en la idea de INVENCIÓN:

“En algún apartado rincón del universo vertido centelleantemente en innumerables sistemas solares, hubo una vez una estrella en la que unos animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más arrogante y falaz de la “historia universal”: de todos modos solo fue un minuto. Tras unas pocas aspiraciones de la naturaleza, la estrella se enfrió y los animales inteligentes tuvieron que morir”. Alguien podría inventar una fábula similar y, sin embargo, no habría demostrado de un modo satisfactorio hasta qué punto el intelecto humano constituye, en la naturaleza, una excepción lamentable, vaga, fugitiva, inútil y arbitraria”.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

- ROBINET, André. El pensamiento europeo de Descartes a Kant”, Ed.Fondo de Cultura Económica, México, 1981.

- FOUCAULT, Michel. Las palabras y las cosas”, Ed.Siglo XXI.

- FOUCAULT, Michel. “La verdad y las formas jurídicas”, cap.1, Ed.Gedisa.

- HEIDEGGER, M.“Sendas perdidas”, cap. ’La época de la imagen del mundo’.

- DESCARTES, René. “Discurso del Método”, Ed.Orbis S.A.Hyspamérica Argentina, Bs.As., 1984.

- DESCARTES, René. Meditaciones metafísicas”, Ed.Aguilar.

- DESCARTES, René. “Reglas para la dirección de la mente”, Ed.Orbis S.A.Hyspamérica, Bs.As., 1984.

- KOYRÉ, A. “Estudio de la historia del pensamiento científico”.

- WAGENSBERG, Jorge. “Nosotros y la ciencia”, Cosa Editorial S.A., Bs.As., 1980.

- Canguilhen, Georges. "¿ Qué es la Psicología?" Ed.J.Vrim, París 1979, de "Estudios de Historia y Filosofía de las Ciencias". Ed J.Vrim, París 1979

- Koyré, Alexandre. "La aportación científica del Renacimiento". Texto de una ponencia presentada en la "Quinzième Semaine de Synthèse" (1 de junio de 1949) y publicada en el volumen de la Quinzième Semaine de Synthèse: La synthèse, idèe-force dans l'évolution de la pensèe (Paris, Albin Michel, 1951)

- Descartes, René. “Discurso del Método", Ed.Losada S.A., Bs.As.

(Material no obligatorio)

lunes, 10 de agosto de 2009

INFORMACIÒN: RESOLUCIÓN ASAMBLEA 10/08

Esta Manaña después de la reunión extraordinaria del Consejo Directivo, los docentes presente nos constituimos en asamblea gremial tal como había sido resuelto en la asamblea del jueves 6/08 y se resolvió:

1) Tomando en consideración lo resuelto por el Consejo Directivo hoy:
  • realizar los mayores esfuerzos para garantizar el cursado del presente año académico, pero en condiciones dignas y seguras para todos los que concurrimos a la Fac. de Psicología sede Siberia
  • solicitar urgantemente una pericia para determinar el estado en que se encuentra el pasillo y las áreas cercanas al lugar del insidente de la semana pasada. Para ello se le solicitó y la gremial docente va a proponer peritos especialistas a fin de realizar este informe lo antes posible.
  • entre tanto se realice ese informe, no se realizarán actividades docentes en el pabellón 6 que hasta ahora se había usado. Quedan en uso el SUM, las aulas 2,3,4, 9 y 10. Para ello se abrirá un ingreso por el acceso del edificio de manpostería.
  • mañana le presentará en la reunión del Consejo Superior de la UNR con la solicitud de que sea tratado en ese momento la resolución del Consejo Directivo de nuestra facultad de comienzos de este año, en la que se pedía el alquiler de un edificio para 1º, 2º y 3er. año hasta la finalización completa de la obra.
dada esta resolución, la asamblea dispuso el levantamiento de la medida de 'retiro del crédito laboral' vigente hasta hoy y convocar a los docentes a hacernos presentes mañana en la Reunión de Consejo Superior a realizarse en la Facultad de Medicina. a partir de las 9 hs.

jueves, 6 de agosto de 2009

INFORMACIÒN ALUMNOS URGENTE

En la Asamblea Docente del día jueves 6/08 y ante lo sucedido en el edificio de la Facultad, los docentes hemos decidido hacer retención del crédito laboral. Esto es: se suspenden las actividades académicas hasta el lunes, día en que se llevará a cabo la próxima asamblea para definir cómo continúa la situación.

De cualquier manera consulten el blog para estar al tanto de las novedades o escriban a: adrinoepaloma@gmail.com


martes, 4 de agosto de 2009

Guìa de Preguntas sobre Aristòteles, utilizar las fuentes del Primer Cuadernillo de la Càtedra Filosofìa Año 2009


Prof.: Adriana Paloma

1) Ubique históricamente a Aristóteles.

2) TEORIA HILEMÓRFICA.

a)¿Qué intenta explicar Aristóteles con esta teoría?


b) Distinga sus co-principios

c) Explicar la etimología (el sentido de la palabra) de ¨teoría hilemórfica¨.


d) ¿Cuáles son las características de los conceptos materia y forma?

e) Dé un ejemplo original de sustancia explicitando sus componentes esenciales y tomando luego al co-principio materia como sustancia y repita el procedimiento.


f) Comparar las teorías construidas por los Presocráticos y por Platón con la teoría aristotélica. Indique algunas diferencias.

3) ACTO Y POTENCIA

a) Explique estos co-principios
.

b) ¿Para qué los utiliza Aristóteles?
c) Dé dos ejemplos originales
.

4) TEORĺA DE LAS CUATRO CAUSAS.


a) Mencione y explique las cuatro causas.

b) Dé un ejemplo de cambio explicitando las cuatro causas.

5) LAS CATEGORĺAS: SUSTANCIA Y ACCIDENTE

a) Distinga el ser en si del ser en otro.

b) Dé dos ejemplos originales.


c) Mencione las categorías de Aristóteles y de un ejemplo de cada una de ellas


6) EL CAMBIO SUSTANCIAL Y EL CAMBIO ACCIDENTAL


a) ¿Cuál es la diferencia entre el cambio sustancial y el cambio accidental?

b) Dé un ejemplo de cada uno.


7) LA ONTOLOGIA


a) ¿Qué es la ¨ontologia¨?

b) Distinga los conceptos de ¨Esencia¨ y ¨Existencia¨.


c) ¿Qué diferencia ontológica se plantea entre la teoría aristotélica y la platónica?

Guìa de Preguntas sobre Aristòteles, utilizar las fuentes del Primer Cuadernillo de la Càtedra Filosofìa Año 2009:

lunes, 3 de agosto de 2009

LA ARGUMENTACIÓN EN El ORGANON DE ARISTÓTELES


Prof. Adriana Paloma

“(...) ¿lo que aprende, es lo que él aprende? Pero alguno aprende rápidamente la lentitud. Y es que se ha dicho, no lo que él aprende, sino cómo aprende.”

ARISTÓTELES

Es Aristóteles el fundador de la lógica a título de ciencia.

Dos razones lo demuestran, a saber:

a) con conciencia filosófica separa la indagación lógica de todo otro saber.

b) Es quien por primera vez concibe y realiza una exposición sistemática de los filosofemas lógicos. Ello señala al reclamar, en el último capítulo de su Tratado sobre las Refutaciones Sofísticas, creó una nueva disciplina frente al arte, exento de principios universales de los retóricos.

La reflexión lógica se origina en el período cosmológico justamente cuando se advierte la diferencia entre observación empírica y pensamiento. Solo el pensar descubre la verdad; los sentidos suministran mentira y engaño. El valor del pensamiento se exagera en extremo; incluso se declara que sus adquisiciones pueden ser paradójicas a los sentidos.

Otro estímulo de los orígenes de la lógica llegó a ser el problema de los caracteres cualitativos de las cosas. Empédocles por ejemplo sostenía que las cosas eran mezclas de elementos; pero no resolvió el problema de ahí derivado: ¿Cómo es posible comprender las cualidades de los elementos?

Los primeros filósofos griegos acentúan el valor del pensamiento conceptual. Solo la razón, el logos, es apta para conocer. Esta orientación adquiere en los pitagóricos una forma específica, para ellos, conocimiento es determinación conceptual.

Otra determinación específica del pensar se vislumbra en las argumentaciones de Zenón de Elea.

En sus polémicas, tomó razonamientos de acuerdo con un método denominado dialéctico; que consistía en admitir a manera de hipótesis lo que afirma el adversario para sacar de ahí lógicamente consecuencias absurdas que lo confundían. Por ej.: Zenón acepta hipotéticamente la multiplicidad y el movimiento para demostrar que tal pensamiento es absurdo. Para refutar a sus adversarios urdió toda una serie de argumentos -Aquiles y la tortuga- contra la realidad del movimiento. Si una tortuga parte con ventaja sobre Aquiles, que la sigue, éste no podrá alcanzarla jamás, porque para hacerlo tendrá que llegar antes a la posición precedente ocupada por la tortuga, la cual, mientras tanto, se habrá desplazado otro intervalo por pequeño que sea, y así sucesivamente, de tal modo que la distancia entre Aquiles y la tortuga no se reducirá nunca a cero por contrario: lo que interesa es que el movimiento es irracional, puesto que el concebirlo lleva conclusiones absurdas. Como se observa, el criterio aquí empleado es el principio lógico de la contradicción: no puede afirmarse y negarse lo mismo de algo. Por esta vía dialéctica se iniciaba el descubrimiento de las leyes del pensar.

La segunda etapa de la filosofía griega (del 1400 al 450 a.de C.), representada por los sofistas y Sócrates, es de gran importancia en desarrollo de la lógica. Puede decirse que con ella comienza a deslindarse el campo de esta última disciplina.

Los sofistas, convirtieron la retórica 1 de un arte tradicional en una técnica, realizan investigaciones lingüísticas y llegan a ser los creadores de la gramática y de la sintaxis: hacen estudios sobre las partes en la oración, el uso de los vocablos, la sinonimia y la etimología, Gorgias, Hipias y Protágoras se destacan en estos trabajos.

La retórica tenía un carácter oratorio; así se vieron impulsados los sofistas a bosquejar una doctrina del arte de probar y refutar. Protágoras escribió un tratado “Sobre el arte de refutar”, y formuló la ley de los juicios contradictorios diciendo que para cada cuestión pueden darse dos proposiciones en pugna. De este modo llega a descubrir teóricamente el proceso lógico que ya Zenón había aplicado en su dialéctica. La afición a disputar se llama erística (de eristeké, disputa y techné, arte). La actitud erística condujo directamente a un negativismo radical, con Gorgias (483-375), quien termina por declarar que explicar y conocer la existencia es imposible. ParaGorgias: 1°. el ser (el ser de los eléatas, el ser invariante, inmutable) no existe; de que existiera, no podría conocerse, 2 °. aún en el caso de que existiera, no podría conocerse, 3°. admitiendo que se conociera, no sería posible comunicarse de un hombre a otro.

La doctrina de Sócrates (469-399) rechaza relativismo y escepticismo: su método tiene el designio de obtener conocimientos universalmente válidos. Sócrates hace del examen de sí mismo un método filosófico. Nosce te ipsum (conócete a ti mismo): he ahí su principio.

Con Aristóteles culmina el período sistemático de la filosofía griega. Su obra; su composición es muy heterogénea. Puede distribuirse elcorpus aristotelicum en seis apartados, sin contar el grupo de las obras espurias. a) Tratados de Lógica, b) Filosofía Primera(Metafísica), c) Filosofía y ciencia de la naturaleza, d) Psicología, e) Filosofía Práctica, f) Filosofía poyética, g) Tratados Espurios.

Federico Solmsen en su libro Evolución de la lógica y retórica aristotélicas de 1929, ha puesto en práctica el principio genético para ordenar e interpretar los textos de estas disciplinas con éxito. Cabe destacar que glosar e interpretar los escritos lógicos bajo el título general de Lenguaje, opinión y verdad; los tres conceptos describen el origen y desarrollo de la lógica aristotélica.

El ORGANON (TRATADOS DE LÓGICA) está compuesto por: Categorías, Peri hermeneias; Primeros Analíticos, SegundosAnalíticos, Tópicos y Refutaciones Sofísticas.

En el presente trabajo, nuestra intención era trabajar exclusivamente la Retórica; pero visto y considerando que en sus Tratados deLógica, Aristóteles también aborda algunas cuestiones que más tarde retomará en su obra Retórica, es por tal motivo que indagamos algunas cuestiones tratadas en El Organon. Específicamente en Refutaciones Sofísticas, Tópicos.

Surgen así varios interrogantes: ¿Qué es la dialéctica? ¿Las conclusiones que se buscan y se sacan mediante la Tópica y la Retórica son solamente conclusiones dialécticas? ¿Cuál es la clasificación de conclusiones que propone en los Tópicos? ¿Aristóteles reconoce que en la dialéctica, se hace uso de la inducción y del silogismo? ¿Se podría afirmar, que Aristóteles distingue entre lo que denominaríamos razón teórica de tipo matemático, o físico matemático, la razón de la cual él se ocupó en su Organon, y otro tipo de razón que, a diferencia de la primera no tiene el carácter de exactitud, de precisión, de exclusividad, la cual es la que se aplica a problemas humanos prácticos, respecto de los cuales cabe una apreciación en la que se puede dar un más o un menos, un mejor o menos bueno, un peor o menos malo, y que opera, no por deducciones rigurosas, antes bien, por deliberación?

ESTRUCTURA LÓGICA DE LA CIENCIA

Aristóteles es el primer filósofo que se propone la tarea de investigar la estructura lógica de la ciencia, es decir, la doctrina de las formas del pensar científico, pues, por dialéctica se había entendido la teoría de las Ideas en un sentido fundamentalmente metafísico. Elabora un sistema con todos estos ensayos dispersos. Dice I.Düring, los escritos del Organon surgieron al filo de reflexiones sobre el uso y sentido del lenguaje en sostenido contacto con los sofistas y retóricos de la época. El término “lógico” se inclinó en sus orígenes a su raíz de Logos-palabra. Más tarde, en las Categorías y en el Peri hermeneias va tomando la doctrina sentido noético, pero aún en esos dos tratados y en los Tópicos, los filosofemas están recargados de reflexiones gramaticales.

El tránsito de una lógica gramatical, a una lógica noética tuvo lugar en torno del concepto de opinión, ello recuerda los conceptos platónicos de doxa (opinión) y epistémee (conocimiento).

El ordenamiento de los escritos lógicos se debe, al parecer a Andrónico de Rodas. Así procedió a observar que Aristóteles en lasCategorías se ocupó del concepto, de la palabra aislada; en el Peri hermeneias, de la proposición, en los Primeros Analíticos,del silogismo; en los Segundos Analíticos, de la prueba científica; en los Tópicos, de las inferencias dialécticas, y en lasRefutaciones Sofísticas, de los pseudorrazonamientos. En la época culminante de su concepción lógica, Aristóteles se afirmó en la idea de vincular los principios lógicos a la naturaleza del conocimiento científico. Por ello es correcto caracterizar la lógica aristotélica por su triple tarea:

1) Metodológico: en la lógica se alecciona sobre el arte de investigar, conocer y probar.

2) Propedéutica: en su actividad docente, más tarde la designa con el nombre de órgano (instrumento) de la investigación científica.

3) Además de ser metodológica y propedéutica, ventila los problemas del conocer científico y, por ello, la cuestión ontológica de la verdad. La lógica de Aristóteles también es una lógica epistemológica. Esta lógica se ocupa fundamentalmente de tres dominios a saber: a) La doctrina del concepto, b) La doctrina de la proposición, c) La doctrina del razonamiento. Este último apartado tiene que ver tanto con los Primeros Analíticos, como la Tópica, la cual tiene que ver con el razonamiento epagógico. El tratado de las RefutacionesSofísticas es algo así como la contraluz de toda la doctrina del razonamiento, tiene a su cargo el estudio de los falsos razonamientos, para prevenir del error. Tanto en los Primeros como en los Segundos Analíticos, Aristóteles considera temas fundamentales de la demostración científica y del conocimiento, y reflexiona sobre ellos, también en estas obras y otras, se asoma a Una lógica de la interrogación.

Desde el punto de vista de su validez, puede hablarse de tres clases de razonamientos dentro de la lógica aristotélica, a saber:

a) el razonamiento apodíctico, el que concluye partiendo de premisas verdaderas;

b) el razonamiento epagógico, cuya conclusión solo es probable (dialéctica, en la acepción aristotélica);

c) el razonamiento erístico, contencioso, que procede de principios que parecen probables pero que no lo son. Se trata de un silogismo aparente, es decir, de un paralogismo.

“Solo la ciencia conclusa es apodíctica; la que está en formación, epagógica”.

ARISTÓTELES

Lo fecundo de la tarea aristotélica en el tratado de las Refutaciones Sofísticas, es el haber dado una teoría de los falsos razonamientos, una teoría acerca del error, ello es, acerca de los silogismos contenciosos, que toman lo falso como verdadero y recíprocamente. En definitiva, Aristóteles se empeña en mostrar los caminos que conducen al error, para salvaguardar los que llevan a la verdad.

La Tópica (o Tópico) contiene la doctrina del razonamiento sobre lo probable. El término deriva del griego topos, lugar, lugar común. En este autor un sentido preciso. Afirma: “Hablamos de lugares (topoi) con relación a inferencias dialécticas y retóricas” (Retórica, I, y ss.). La Tópica es el método que enseña a descubrir los puntos de vista apropiados, los lugares comunes eficaces para discurrir los puntos de vista apropiados, los lugares comunes eficaces para discurrir sobre un tema cuya solución no rebasa el campo de lo probable. En efecto, estos razonamientos son probables, no son apodícticos. De ahí que la Tópica sea denominada dialéctica por el filósofo.

Este uso del término “dialéctica” separa a Aristóteles de Platón, pues, éste último, la define como la teoría de las Ideas en un sentido ontológico-metafísico. En cambio, Aristóteles confirma el concepto de dialéctica de los retóricos, vincula al término dialégesthai, disputar, bien que se afana en fijar los términos de lo probable y las vías lógicas para probarlo.

LA DIALÉCTICA ARISTOTÉLICA

En la propia Tópica (libro VIII) ubica el filósofo el objeto y el método de la dialéctica. Imagina un diálogo entre dos interlocutores los que se empeñan en fundar el razonamiento buscado. Advierte que el punto de partida a saber, la interrogación. Del estudio y consideración de ésta, la pregunta, hay que obtener el lugar (topos) desde el cual hay que fundar el argumento.

Para Aristóteles La dialéctica no es el método único de la filosofía, sino que, por el contrario, es el método para tratar sobre la mayor o menor probabilidad de las opiniones en materia práctica, principalmente políticas y jurídicas, en vista a hallar la solución relativamente de mayor prudencia. En el campo de la lógica no produjo solamente la obra del Organon, que con alguna justificación podría considerarse como un tratado del pensamiento apodíctico y sistemático sino que produjo también estudios sobre la Retórica y laTópica, es decir, sobre el pensamiento dialéctico, respecto del cual además hay múltiples análisis en otras varias de sus obras.

Según Aristóteles, en la Tópica no pertenece solamente a las disputas de los sofistas, sino que pertenece también al campo de lo dialéctico en tanto que este campo queda estrictamente diferenciado del área de lo apodíctico.

Acentúa que las conclusiones que se buscan y se sacan mediante la Tópica y la Retórica son solamente conclusiones dialécticas, y no constituyen un pensamiento apodíctico.

En los Tópicos sostiene la siguiente clasificación de conclusiones:

1) Tenemos una conclusión apodíctica, cuando la conclusión se obtiene partiendo de proposiciones verdaderas y primarias, o de proposiciones cuyo conocimiento a su vez ha derivado de proposiciones verdaderas y primarias.

2) Tenemos una conclusión dialéctica cuando ella es extraída de opiniones.

3) Tenemos una conclusión erística o sofística cuando se basa sobre meras apariencias de opiniones que no son efectivamente.

4) Finalmente, hay conclusiones erróneas, equivocadas o deficientes, desde el punto de vista de las proposiciones particulares de determinadas ciencias.

Pero lo que nos interesa son las conclusiones dialécticas. Cabe preguntar, entonces: ¿Tales conclusiones se diferencian de las apodícticas desde el punto de vista formal? Algo es seguro, las conclusiones dialécticas se diferencian de las otras clases de conclusiones más bien por la índole de sus premisas. Aristóteles clasifica las conclusiones desde el punto de vista de las premisas.

Conclusiones dialécticas son aquellas que tienen como premisas opiniones respetables, que parecen correctas y aceptables (endoxa). Esas opiniones, o endoxa, son aquellas proposiciones que parecen correctas o bien a todos, o bien a la mayoría, o bien a los sabios, o, entre éstos, a los más conocidos y respetables.

Tiene importancia la observación de Aristóteles de que, mientras el pensamiento apodíctico parte de premisas generales e indiscutibles, por el contrario, el pensamiento dialéctico, es decir, toda discusión o todo debate, surge de proposiciones concretas en torno a problemas concretos.

A pesar de la diferencia entre la lógica de lo apodíctico por una parte, y la dialéctica, por otra, Aristóteles reconoce que en la dialéctica, se hace también a veces uso de la inducción y del silogismo. Dice que hablamos de topos (topoi), tópicos, en relación con las conclusiones dialécticas y retóricas. Los topos o tópicos se refieren a objetos jurídicos, morales, políticos, y de muchas otras clases.

De los Tópicos puede derivarse un silogismo o un entimema. En el Libro I, Capítulo 2 de la Retórica, acerca de los silogismos o entimemas propios dice Aristóteles que “son los que se derivan de las premisas que se refieren a cada una de las especies y de los géneros (que le interesan o competen exclusivamente). Es decir: existen premisas de lo físico con las que no se puede componer un entimema ni un silogismo de lo moral u otro que se refiera a esto”.

¿A qué se refiere Aristóteles cuando menciona en la Retórica: entimema o silogismo de lo moral? ¿Se diferencian todos específicamente? ¿No puede haber mixtura en los entimemas y silogismos como se produce en los diferentes géneros?

El autor estudia también la técnica del debate, del diálogo, de la controversia práctica. En primer lugar, comienza con el arte de la pregunta: cuando se quiere preguntar, se tiene ante todo que descubrir el tópico del cual debe seguirse la conclusión dialéctica.

En segundo lugar, se tiene que establecer la pregunta particular, y ponerla en un orden determinado; y, finalmente, presentarla al otro en forma adecuada. Concibe a la dialéctica como una especie de argumento, o de argumentaciones, sobre la base de opiniones yprobabilidades, en contraste con la demostración científica.

Aristóteles se preocupa de la prudencia no solo en su Ética a Nicómaco, sino también en los Tópicos. En los Tópicos, se plantea algunas cuestiones sobre la relación entre las especies y los géneros y sobre la relación de los géneros entre sí; y, a este respecto, menciona que muchos sostienen que la prudencia es tanto virtud como conocimiento, y que ninguno de esos dos géneros se halla comprendido dentro del otro; aunque ciertamente no todos admitan que la prudencia sea conocimiento. No obstante, si alguien admite la verdad de este aserto, observa Aristóteles en los Tópicos, I, 6; III,3 y en la Retórica, I, 9, que entonces tendrá que estar necesariamente de acuerdo con que los géneros del mismo objeto deben hallarse subordinados el uno al otro, o ambos bajo un mismo género, que es lo que efectivamente sucede en este caso con la virtud y el conocimiento, pues ambos caen bajo el mismo género; ya que cada uno de los dos es a la vez un estado y una disposición.

En otro pasaje, añade Aristóteles en la Ética a Nicómaco que “con relación a la prudencia, podemos comprenderla considerando cuáles son las personas que llamamos prudentes. Lo propio del prudente parece el poder de deliberar de manera acertada sobre las cosas buenas y provechosas para él, no parcialmente, como cuáles son buenas para la salud o el rigor corporal, sino sobre cuáles lo son para el bien general (...). Llamamos prudentes con relación a alguna cosa a los que calculan bien lo conveniente para cierto fin, que no es objeto del arte”.

Aristóteles en su Ética a Nicómaco, I, 8; VI, 1, 3, 7, 11, 12 y 13; y en la Retórica, I, 11, señala que “la ciencia política y la prudencia son el mismo hábito, pero su esencia no es la misma. De la prudencia que se aplica a la cuidad, hay una, considerada como arquitectónica, que es la prudencia legisladora; la otra, que concierne a los casos particulares, recibe el nombre de común, y es laprudencia política. Ésta es práctica y deliberativa, porque la decisión es como lo último que debe hacerse en el gobierno. Por esto,solo de los que descienden a la práctica se dice que gobiernan, porque solo ellos ejecutan acciones (...). En algunos casos se habla de prudencia referida o aplicable a un solo individuo. Pero en otros muchos casos la prudencia se refiere a diferentes objetos: en aquellos otros casos se llama o bien economía, o bien legislación, o bien política, la cual es o deliberativa o judicial(...)”.

Con estas consideraciones, Aristóteles está estableciendo un vínculo entre la descripción que de la prudencia da en su Ética a Nicómacoy en los Tópicos las consideraciones que ofrece sobre el debate, la argumentación y la deliberación. Y en su Retórica, dice que “la prudencia es aquella virtud del entendimiento que capacita al hombre para tomar decisiones sensatas”.

¿Se podría decir entonces que la prudencia se refiere al juicio sobre los problemas prácticos de la conducta humana; pero sobre todo, a las cuestiones prácticas de la conducta social?

Pero, ¿cómo comenzó su Política y su Ética Aristóteles? Empezó afirmando que la polis y la vida civilizada eran posibles porque, en general, la humanidad poseía ese mínimo de “virtud cívica” y de logos que les permite distinguir el bien del mal y lo justo de lo injusto. Así empezó en la Retórica afirmando que generalmente la humanidad tiene la suficiente inteligencia para acceder a ella por medio de un argumento razonado. Este creencia es el fundamento de la democracia; un gobierno libre no tiene futuro allí donde se puede tratar a los hombres como a un rebaño sin entendimiento. De esta manera, desde las primeras líneas de la Retórica, nos encontramos en un universo diferente al socrático o platónico, y respiramos un aire distinto. Aristóteles llama retórica al modo culto de argumentación de las escuelas filosóficas.

Naturalmente, Aristóteles, reconoce que la oratoria popular está expuesta al abuso y, como en respuesta directa a Sócrates, dice: “Si se argumenta que quien hace un uso injusto de la facultad de hablar puede hacer mucho daño, esta objeción es igualmente aplicable a todo lo bueno”. Aristóteles se consuela con la creencia de que: a) “la retórica es útil, porque lo verdadero y lo justo son por naturaleza superiores a sus contrarios”, y que b) “generalmente hablando, lo que es verdadero y mejor es naturalmente más fácil que pueda convencer”, y que c) “los hombres tienen la suficiente capacidad natural para alcanzar la verdad y, desde luego, en la mayoría de los casos, la consiguen”.

Resulta pertinente puntualizar que las páginas más oscuras de la historia -reciente- hacen que todo esto parezca excesivamente optimista, pero, sin semejante fe, los hombres buenos sucumbirían a la desesperación. Porque allí donde Sócrates buscó la certeza absoluta de las formas y de las definiciones perfectas -sin encontrarlas jamás- y donde Platón abandonó el mundo real cambiándolo por un mundo celeste de Ideas y Formas inmutables, Aristóteles abordó el problema del conocimiento desde un punto de vista cercano a lo que denominamos sentido común. Al sistematizar la lógica por primera vez y al inventar el silogismo como su principal instrumento, el autor distinguía dos formas de silogismo, el dialéctico y el retórico. Los dos empiezan con proposiciones que se creen verdaderas; el dialéctico, con las que se creen necesariamente y siempre verdaderas; el retórico, con proposiciones que se creen probables aunque no siempre verdaderas. Aristóteles llamó al silogismo retórico un entimema, y el Diccionario griego-inglés de Liddell-Scott-Jones define el término como “un silogismo que se deduce de premisas probables”. Cabe destacar que la distinción no surge de la diferencia entre las capacidades de los instruidos dialécticos y las de los hombres ordinarios, sino de la naturaleza del material que estos últimos deben emplear en sus Asambleas y Tribunales de Justicia. La naturaleza de las decisiones que se deben tomar en ellas obliga a los ciudadanos, como legisladores y jueces, a que la discusión se centre sobre probabilidades, más que sobre certezas absolutas e inalcanzables.

Los hombres no tienen que deliberar sobre lo que es cierto sino sobre lo que es incierto y sobre lo que, en su opinión, no son más que probabilidades. Ésta es la mejor guía que pueden encontrar, explica Aristóteles al discutir el entimema, ya que puede decirse que “ninguna acción humana es inevitable”.

En definitiva, tal como lo afirma I.F.Stone decimos: “El punto de vista aristotélico ilumina y alienta, mientras que los puntos de vista socrático y platónico son frustrantes y están calculados para socavar en los hombres la fe en su capacidad de gobernarse a sí mismos”.

CONCLUSIÓN ABIERTA

A modo de conclusión decimos lo siguiente:

- Resulta pertinente puntualizar que Aristóteles en los Tópicos, Libro I, 1, 2., habla de dos razones, mejor dicho, dos clases de razón: “una con la cual contemplamos de entre las aquellas cuyos principios no admiten ser de otra manera; otra con la cual contemplamos las que admiten que los principios puedan ser de otra manera (...). Llamamos pues, a la una científica y a la otra, calculadora, porque deliberar y calcular son aquí lo mismo, pues nadie delibera sobre cosas que no admiten ser de otra manera”.

- Se podría afirmar, entonces, que Aristóteles distingue entre lo que denominaríamos razón teórica de tipo matemático, o físico matemático, la razón de la cual se ocupa en su Organon, y otro tipo de razón que, a diferencia de la primera no tiene carácter de exactitud, de precisión, de exclusividad, la cual es la que se aplica a problemas humanos prácticos, respecto de los cuales cabe una apreciación, en la que se puede dar un más o un menos, y que opera, no por deducciones rigurosas, antes bien, por deliberación?

- ¿Esta segunda clase de razón es la que se podría denominar el logos de la acción humana? ¿Se trata de la razón que, en términos aristotélicos, inspira la denominada virtud de la prudencia...?

- Concibe a la dialéctica como una especie de argumentaciones, sobre la base de opiniones y probabilidades, en contraste con la demostración científica.

- Puede hablarse de tres clases de razonamientos dentro de la lógica aristotélica desde el punto de vista de su validez a saber:

a) el razonamiento apodíctico, el que concluye partiendo de premisas verdaderas;

b) el razonamiento epagógico, cuya conclusión solo es probable (dialéctica, en la acepción aristotélica);

c) el razonamiento erístico, contencioso, que procede de principios que parecen probables pero que no lo son. Se trata de un silogismo aparente, es decir, de un paralogismo.

- A pesar de la diferencia entre la lógica de lo apodíctico por una parte, y la dialéctica, por otra, Aristóteles reconoce que en ladialéctica, se hace también uso de la inducción y del silogismo.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

ARISTÓTELES

* TRATADOS DE LÓGICA (EL ORGANON). Editorial Porrúa S.A., México, 1981.

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(Material no obligatorio)